Oye la instrucción de tu padre
Así empieza el libro de Proverbios, “Oye, hijo mío, la
instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre;” (capítulo
1, verso 8). ¿Por qué es bueno escuchar
y seguir los consejos de los padres?
¿Qué saben ellos del mundo moderno—ni siquiera pueden manejar bien el
celular, muchos menos todo lo que la computadora ofrece?” “¿Qué saben del inglés, o a veces aun
español? No saben nada de la
gramática.” Bien puede ser cierto todo eso, pero aun así
el Creador manda a los hijos honrar a tu padre y a tu madre. ¿Por qué?
“para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te
da.”
Los primeros siete capítulos de Proverbios empiezan con una
llamada a los jóvenes de aprender de un padre sabio. Prov. 20:29 dice, “La gloria de los jóvenes
es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez.” Muchas veces los jóvenes confían demasiado en
su fuerza y olvidan que no saben tanto de este mundo como los ancianos. Sabiendo esto, e inspirado por él Espíritu
Santo, Salomón escribió Proverbios; para aconsejar y instruir a los que no tienen
tanta experiencia y conocimiento de este mundo malo, para que pueden evitar las
malas consecuencias de sus hechos. Dos
veces leemos, “Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino
de muerte.” (Prov. 14:12, 16:25).
Este libro habla de la vida y sus tentaciones: la
inmoralidad sexual, el alcohol (y de la droga), la avaricia, la pereza, la
delincuencia, entre otros. Para los que
no conocen a Dios estos males parecen un camino derecho, pero solamente porque
todavía no saben hasta donde los llevan.
Y cuando estas personas son nuestros mejores amigos o panas, nos pueden
llevar al malo también. “Hijo mío, si
los pecadores te quisieren engañar, no con sientas” (1:10) La Escritura sigue hablando de sus “planes”
para robar y matar y “llenar nuestras casas de despojos” (1:13) pero verso 19
enseña el verdadero fin de ellos, “Tales son las sendas de todo el que es dado
a la codicia, la cual quita la vida de sus poseedores”. Estos consejos son para todas las edades y
queremos estudiar de estas verdades en más detalle en el futuro, pero en esta
reflexión quiero enfocar en cap. 1.
Las promesas de los impíos al joven en este capítulo son
grandes—riquezas, una casa lleno de las cosas que han robado. ¿Quién no quiere tener mucho, sin
trabajar? Por eso hay tantos “negocios”
que prometen las riquezas pronto, con poco esfuerzo—todos queremos tener “un
poco más”. Pero Salomón expone lo necio
de estos planes, dicen ellos, “los tragaremos vivos como el Seol, y enteros,
como los que caen en un abismo” (v. 12) pero la verdad, es “Pero ellos a su
propia sangre ponen asechanzas, y a sus
almas tienden lazo.” (v. 18)
Siendo tan “sabios” pueden robar, hurtar, aun matar sin correr cualquier
riesgo, creen. La verdad es que los
demás están vigilando también y están preparados—y los que piensan matar a otro
salen heridos o muertos. Conocí dos
hermanos—uno trabajando dura para poco y el otro vendiendo droga. El de la droga tenía mucho, pero a la edad de
27 años le fusilaron con 22 balas. La
droga parece un camino fácil para enriquecerse, y para un joven con poca
preparación se ve como “la única manera” de mejorar su vida, pero en verdad “su
fin es camino de muerte”.
En artículos futuros seguiremos hablando de estos temas, de
estas tentaciones que el diablo usa para engañarnos. Si quiere ser más sabio, leo despacio, con
tiempo para meditación el libro de Proverbios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario